La era hibrida en la Formula 1. - DHS Mas Info

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2020/12/28

La era hibrida en la Formula 1.


 En 2014 la Fórmula 1 se embarcó con toda su ilusión en lo que se denominó 'la era híbrida'. Los antiguos motores V8 atmosféricos se convirtieron en unidades de potencia con sistemas de recuperación de energías de las frenadas y del escape y, sobre todo, con turbo. En el cambio se depositaban las esperanzas de que la Fórmula 1 volviese a ser igualada.

Aquellas primeras victorias de Mercedes en 2014 se recibieron como algo nuevo que le daba un aire diferente a la Fórmula 1. Pero no se tardó ni un año en descubrir la verdad. Se había cambiado un dominio blando por una auténtica dictadura. Siete temporadas más tarde, la Fórmula 1 sufre en cada Gran Premio de Hungría de turno, en el que Mercedes no dobla al resto porque no quiere.

Y es que la temporada 2020 fue una completa decepción para el aficionado neutral. El año pasado Ferrari puso en apuros a Mercedes en algunas pocas carreras, mientras que Red Bull, o mejor dicho Max Verstappen, lo hizo al final. Se esperaba que con un año más de evolución, los tres equipos se igualase, pero nada más lejos de la realidad.

El verdadero problema es que no ha habido tal evolución. Ferrari fue un segundo más lento en el Red Bull Ring respecto a 2019. Pasaron en un año de hacer la pole position con contundencia a pasar llorando a la Q3. Por su parte, Red Bull ni mejoró ni empeoró en su circuito, pero en el Hungaroring ha ido tres décimas más lento que hace doce meses.

Mientras que sus rivales se han quedado atrás, Mercedes ha seguido progresando. Se presentó en 2020 con el DAS, el sistema que les permite alterar la suspensión con el coche en marcha. Pero eso es lo de menos. Mercedes no encuentra su techo y sigue progresando mientras que los rivales involucionan en busca de eso que solo tiene la estrella.

Hace siete temporadas Mercedes basó su dominio en unos brutales motores híbridos que pillaron fuera de juego a la competencia. El cambio de normativa se basaba en los propulsores y ahí Mercedes lo bordó. Solo hay que ver el milagro de los panes y los peces que hicieron con Williams. La mítica escudería de Grove pasó de hacer su peor temporada en 2013 a ser terceros en 2014. 

La situación de 2020 no ha diferido demasiado de aquella. No sabemos si porque los motores de Mercedes han vuelto a mejorar o porque los de Ferrari han desfallecido, pero el caso es que los propulsores de la marca alemana vuelven a marcar la diferencia. Y han vuelto a salvar a Williams, que ya no es el farorillo rojo descolgado que eran en 2019.

Pero los milagros no solo llegan con Williams, también con Racing Point, un equipo de media tabla tirando para abajo que de una temporada para otra ha sido comprado por Aston Martin, ha presentado un coche idéntico al Mercedes de 2019 y han pasado por delante de grandes fabricantes como Renault, Ferrari, Honda o McLaren.

A Mercedes le sobra velocidad. Tanta que se la alquilan a Lawrence Stroll. Así ahora pueden plantearse nuevos desafíos: lo de los dobletes ya lo tienen muy visto, ahora buscan triplete o incluso pokers, como el que hicieron en la clasificación del Gran Premio de Hungría. Solo las vueltas iniciales con lluvia impidieron que lo repitiesen en carrera.

La era híbrida parece una competición monomarca. Ahí va un dato. Desde 2014, cuando entró en vigor la nueva normativa, ningún equipo que no sea Mercedes ha llegado a la penúltima carrera del mundial con opciones matemáticas de ganar el título. Ya no es que no haya habido carreras decisivas, es que ni siquiera a la penúltima.

El 2022 es una fecha clave para el futuro de la Fórmula 1. Si Mercedes o cualquier otro equipo saca una ventaja inicial abrumadora al resto, la Fórmula 1 estará acabada. En Liberty Media lo saben y por eso Ross Brawn ya avisó que se guardan bajo la manga la posibilidad de ilegalizar cualquier cosa que desequilibre el campeonato. Puede que sea injusto, pero es la única forma de salvar a la Fórmula 1 del tedio monomarca en el que la ha convertido Mercedes.


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